Animalada

En el poste frente a la puerta de mi casa anidó una pareja de horneros. Su casa quedaba justo al lado de la soga donde colgamos ropa en la terraza. Mi mamá subía y el hornero le cantaba. Yo pretendía estudiar cuando en realidad me escapaba a observarlos.
En un momento de aburrimiento infantil mataron a uno de los horneros de un piedrazo, al otro día todos los huevos del nido aparecieron en el piso y el hornero sobreviviente parado frente a su casa decidió no volver a cantar.
Un tiempo después subió mi mamá a colgar la ropa y se asombró al escuchar el canto del hornero, que a manera de despedida resonó por última vez en la terraza.
Al terminar su melodía cayó al suelo inmóvil.





