Valinor Acceso Oeste
En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento. Les otorgóuna tierra que nombraron “Valinor”, les propuso temas de música, y cantaron ante él y él se sintió complacido. De su mano, los Ainur crearon una melodía, la Gran Música. Escuchándola reconoció el poder de sus vástagos y les mostró una escena, un mundo nuevo en el que se reflejaban las maravillas que antes habían cantado.
Y desde ese entonces los Ainur se dedicaron a trabajar para engrandecer y mantener las maravillas de Eä. Las edades transcurrieron y lo que en el corazón de Eru antes era complacencia, ahora era aburrimiento.
Los majestuosos y perfectos Valar aburrían de muerte al único, preocupándose solo por Eä y todo lo que en ella transcurría. Eru vagaba solitario ignorado y triste, un paria en su propia tierra. Y sucedió que una idea nació en su mente, escribió pergaminos y tomando forma corpórea recorrió Tierra Media repartiendo las buenas nuevas.
“Atención: se abre un casting en Tierra Media.
Si sabés cantar, bailar, contar historias y no ser tan perfecto como para matar de aburrimiento a tu Dios, acércate a los Puertos Grises la próxima Luna Nueva. Donde un jurado evaluará tus condiciones.
Los finalistas ganarán un viaje a Tierras Imperecederas por tiempo indefinido.”
Después de recorrer (asombrosamente rápido) todos los reinos, Eru se dirigió a los Puertos Grises y allí aguardó. Lo acompañaban Cirdan, el encargado de preparar el transporte de los ganadores, y Melkor, que no tenía otra cosa mejor que hacer. El tiempo transcurría e Iluvatar se entretenía observando las disputas entre Melkor y Cirdan. Lo que el elfo tallaba de día, Melkor lo destruía por la noche, y Eru se sentía complacido.
Al fin la luna cambió y los participantes comenzaron a llegar. No quedó lugar sin representante y nuevas razas aparecieron ante los ojos del único, quien deleitado por la aceptación de su convocatoria ya pensaba en un segundo casting.
Al ver que ya empezaban a impacientarse, los juntó a todos y con la ayuda de Cirdan y Melkor se dispuso a empezar la competición.
La primera prueba consistía en un cuestionario, que les fue entregado a todos, junto con un pluma. Una vez transcurrido el plazo de tiempo Melkor recogió los pergaminos y se los entregó a Eru. Entre los dos leyeron las respuestas y deliveraron sobre quienes debían pasar a la segunda vuelta. Se basaron sobre todo en los talentos de cada participante y en las respuestas más imaginativas.
De los cientos que arribaron a los puertos, solo algunos pasaron a la segunda vuelta. La prueba era sencillamente una entrevista con el dios y el Ainur renegado, ante quienes debían realizar ciertas pruebas y demostraciones de sus talentos. Casi todos pasaron esta prueba y Eru se sentía complacido.
Los finalistas fueron embarcados hacia Tierras Imperecederas, y de la mano del único realizaron una revuelta, echando a los Ainur al viento. Y la historia comenzó por segunda vez, quedando grabada con estas palabras:
“En el principio estaba Eru, el Único, que en Arda es llamado Ilúvatar; y primero hizo a los Ainur, los Sagrados, que eran vástagos de su pensamiento y aburridos como pizza sin cerveza. Sin miramientos los echó y recibió a la segunda camada, los Valinorenses, elegidos por su propia mano. Les propuso temas de música, y cantaron ante él, desafinando. De su mano, los Valinorenses crearon una melodia, la Internacional Tierramedial. Escuchándola reconoció el poder de sus vástagos y se sintió complacido.”
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